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ASAMBLEA NACIONAL DE APICULTORES URUGAUY 19 DE NOVIEMBRE 2016

jueves, 25 de junio de 2015

Fwd: [UruEcoPol] Se intoxicó con pesticida, sufre al respirar y perdió a sus abejas

PESTE DETRÁS DE FRUTAS Y VERDURAS

Se intoxicó con el pesticida del vecino, sufre al respirar y perdió a sus abejas

Cuando Miriam Bodeant (58) sintió el olor nauseabundo, lo primero que hizo fue cubrir a sus animales. De a poco, sobre su chacra, a tres kilómetros de Guichón, en Paysandú, una nube de pesticida iba arrasando con sus abejas y chanchos. Era la hora en que caía el sol. Aquel 13 de setiembre de 2013 quedó grabado en su memoria. Y en su respiración.

Es que hoy, 21 meses después, aún tiene una rinitis crónica (inflamación y picor nasal) producto de aquella intoxicación. "Ante el mínimo polvo u olor fuerte, me ahogo", cuenta esta apicultora que entregó los últimos 20 años de su vida a la producción de miel, en una zona del país declarada "galería turística".

No era una militante de la causa ambientalista, ni siquiera una opositora al uso de agroquímicos. Pero desde que su vecino echó el producto con su mosquito —esos tractores con brazos enormes a los costados— en una plantación de soja, su visión del asunto cambió. Era un día de viento en los que, por normativa, está prohibido realizar esa tarea. Y, como agravante, a pocos metros había —y hay— una escuela rural.

Miriam salió de su chacra y fue a una reunión de apicultores en la ciudad. Comenzó a sentir que el pecho se le "cerraba" y unas irresistibles ganas de vomitar. "Me cambió de color la cara y un compañero me llevó a la emergencia", relata sobre aquel episodio que fue reconstruyendo con esfuerzo, "porque cada tanto perdía el conocimiento".

Le ponen oxígeno, bajan la presión arterial, medican con corticoides y le dicen que es un "cuadro de afonía". A medianoche le dan el alta y vuelve al establecimiento, donde el olor del glifosato y otros herbicidas aún se podía percibir. Tanto que a las pocas horas el dolor en el pecho se agudizó y, otra vez, tuvo que acudir a la emergencia. Entonces le diagnosticaron "alergia". Ahí optó por hacer la denuncia a Servicios Agrícolas. "El ingeniero que tomó muestras enseguida me dijo que estaba intoxicada".

Pasó a policlínica, por su pedido, y recién 15 días después le hicieron una placa de pulmones. La médica tratante vio una anomalía y prefirió enviar la imagen a un especialista en el hospital de la ciudad de Paysandú. "Misteriosamente, esa placa desapareció". Fue así que tuvo que concurrir a un otorrinolaringólogo quien, al revisarle las fosas nasales, le señaló: "Señora: ¿qué estuvo haciendo? Tiene todas la cavidades quemadas".

Las abejas murieron. También una cerda. Luego de un año y medio de trámites "burocráticos, idas y venidas desde Guichón a Montevideo" (pago por su bolsillo, claro), el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca sancionó a la empresa que fumigó y le aplicó una multa. ¿El motivo de la sanción? "Haber aplicado agroquímicos un día de viento y cerca de una escuela".

El laboratorio del órgano estatal jamás pudo comprobar la intoxicación de las abejas. Es que, dice Miriam, "no existe en el país la capacidad para tener estos resultados; y con las técnicas que se usan no sale ninguna contaminación".

A duras penas, cuenta, sigue saliendo al campo a trabajar. Parece la protagonista de la canción Duerme negrito que popularizó Mercedes Sosa: "Trabajando y va tosiendo, trabajando, sí". Al menos esa es la imagen que se proyecta con sus palabras. Más de una vez debe frenar por el catarro, a veces necesita ir con la boca y nariz cubiertas y tiene que aprovechar las horas de menos calor y humedad. Y eso que todos los días consume "un antialérgico fuertísimo".

Su caso, más el de 15 mujeres de diferentes edades que perdieron sus embarazos en Guichón, hizo que esta zona del país se convirtiera en un "ícono" de la lucha por los derechos ambientales. Fue tenido en cuenta por la Institución Nacional de Derechos Humanos y hasta hubo una mesa redonda con autoridades ministeriales.

No hay datos epidemiológicos que constaten, a ciencia cierta, la gravedad en la región. Menos aún, una comprobación de que estos abortos espontáneos tengan, efectivamente, una raíz en la aplicación de agroquímicos. Por ahora son solo hipótesis que maneja la comunidad, apoyada por organizaciones y académicos.

"Yo sigo con un abogado intentado defender mis derechos porque sé que hay quienes tienen un miedo tremendo de denunciar", afirma con voz potente, dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias.

¿Qué reclama? "Me siento violada en mis derechos como trabajadora porque me vienen matando las colmenas", una realidad que, según comenta, es común a otros apicultores. "Es un peligro porque las abejas son parte del ecosistema y se necesitan para la floración".

Miriam Bodeant insiste en que se siente "afectada" en su salud. "Tengo que medicarme todos los días, a veces me cuesta respirar y, sin embargo, nadie se hace cargo de ello".

Pero lo que más le impresionó, expresa, es "la enorme burocracia que existe desde que se hace la denuncia ante del Ministerio de Ganadería hasta que se toman medidas". Dice que pierden los expedientes y los recuperan luego. "Y lo seguro es que yo ya no voy a recuperar mi calidad de vida".

El Pais, 20 de junio de 2015.
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domingo, 21 de junio de 2015

Nueva advertencia sobre el río Santa Lucía

Nueva advertencia sobre la altísima contaminación de la cuenca del río Santa Lucía

"Ningún interés pesa más que la vida de un millón y medio de personas"

Federico López Romanelli es un técnico investigador en Paleontología y Arqueología. Además es un reconocido fotógrafo y en este medio de expresión artística encontró su forma de registrar la naturaleza, los animales, sus hallazgos y todas las investigaciones que realiza día a día. Desde hace más de veinte años, estudia e investiga el río Santa Lucía, desde el aspecto arqueológico y paleontológico. Por lo tanto, es una voz más que autorizada para indicar el alto nivel de contaminación del río que suministra de agua potable a una parte importante de la población.

En diálogo con HOY CANELONES, López Romanelli explicó por qué eligió el río Santa Lucía como objeto de estudio y la situación crítica en la que se encuentra la cuenca, que abastece a más de un millón y medio de personas diariamente. "Para mí el río es una forma de vida. Desde el año 1992, una de mis grandes pasiones ha sido investigar y recorrer el rio; lo he recorrido caminando y embarcado numerosas veces.
Investigándolo y recorriéndolo es cuando te das cuenta de lo vulnerable y frágiles que somos; nosotros dependemos de la naturaleza, de la que somos parte. No estamos en un universo paralelo, si estamos vivos es gracias a la naturaleza y principalmente gracias al agua", manifestó. El investigador afirma que "nosotros no conocemos el Uruguay real; lo que conocemos es lo que ha quedado de la urbanización del paisaje y del territorio. Esto implica que cuando los primeros europeos llegaron a Uruguay y trajeron la ganadería, comenzó un proceso de transformación del entorno que nos lleva al presente actual, con diferentes dimensiones. Los primeros montes se comenzaron a cortar cuando se empezaron a establecer los primeros poblados europeos. A partir de ahí ha habido un proceso sistemático de tala de monte, por necesidad de consumo de la leña y del carbón, antes de aparecer el petróleo ese era el combustible principal", explica.

Contaminación y excesos Cabe recordar que la cuenca del Río Santa Lucía tiene una enorme importancia estratégica para la sociedad uruguaya, ya que es la principal fuente de abastecimiento hídrico: provee de agua potable al 60% de la población de todo el país.  Desde hace varios años, muchos expertos han advertido sobre el exceso de nutrientes (especialmente fósforo y nitrógeno) en los cursos de agua de la cuenca del Río Santa Lucía. A raíz de esto, se ha dado un fenómeno llamado floración de cianobacterias, que podría potencialmente perjudicar la salud de la población. La situación se debe al mal manejo de los desechos industriales, efluentes urbanos, deposiciones de la ganadería, y especialmente por la erosión de los suelos y la destrucción del monte nativo debido a las malas prácticas agrícolas. Según Federico López, en el año 1992, cuando comenzó a recorrer y a investigar el río Santa Lucía, comenzó a ver las primeras plantaciones y los primeros vestigios de los efectos de las agroindustrias. No obstante, reconoce que el problema del fósforo es más antiguo, ya que éste elemento químico siempre se ha utilizado en todas las chacras canarias. "Ahora estamos frente a un proceso, en el cual la agroindustria ha generado una contaminación tan grande del ambiente, y encima el ser humano no respeta ni siquiera los limites mínimos que hay que tener para evitar la contaminación; y a su vez los controles que hay fallan permanentemente. Ahora estamos viendo las consecuencias de esos brutales excesos, por ejemplo excesos en los cuales se arrasa con más de 6.000 árboles, cuando se planta en zonas inundables, y como consecuencia de eso, todos esos químicos utilizados en las plantaciones van a parar al agua. En Florida, Canelones y San José hay muchos tambos y generalmente esos tambos se instalan cerca del rio, y con la presencia de animales en el río y el hecho de tirar sus desechos al río, provoca un exceso de fósforo en el agua. Todo esos excesos son un verdadero problema y no se tiene consciencia de la gravedad del mismo", asegura el investigador.

Presión ambiental López advierte que estamos en una situación de presión ambiental y de excesos ambientales, entre los cuales tenemos aquellos que son controlables, porque hay voluntad de parte de los productores de solucionar las cosas; pero hay otras personas que son capaces de arrancar 6000 árboles y lo multan y no le importa nada. "La gente no reacciona", dice. "Otro ejemplo son las maquinarias llenas de venenos que cruzan el río Santa Lucía. Si alguna de esas máquinas se da vuelta, van a parar al rio 3000 litros de veneno. Imagínense lo que puede pasar. El fósforo, el nitrógeno y otros productos orgánicos que van a parar al agua generan un exceso de nutrientes y eso generan las algas. Desde mi punto de vista, hay personas que cometieron tantos excesos que tendrían que ir presos", expresa.

Responsabilidad compartida El investigador destaca la responsabilidad innegable que tenemos todos los ciudadanos y apela a la toma de consciencia. "Tenemos que tener la suficiente conciencia de ver y entender que se trata de un tema que nos involucra a todos. Todos tenemos que ser responsables. No vale hacerse el distraído. Hay que respetar a la naturaleza, entendiendo que nosotros somos parte de ella y que no vamos a poder vivir sin naturaleza, eso es el comienzo y hacia a eso hay que apuntar", indica. Agrega que "en el último canotaje que hice en lo que va del tramo de San Ramón hasta Rincón de Conde, encontré 32 cubiertas de vehículos adentro del agua e infinidad de bolsas. En emana de Turismo, desde Fray Marcos a San Ramón, encontré 15 trasmallos. El trasmallo está prohibido y esa es otra forma de agredir el ambiente. No digo que sea culpa de ellos la contaminación, pero si están contribuyendo a la desaparición de la fauna marina".

Transparencia Para el fotógrafo, la OSE se equivocó en no aclarar y ocultar lo que realmente pasaba con el agua del río. "Yo sé que la OSE tiene que lidiar con todo esos productos químicos que hay en al agua, y a veces no tiene la infraestructura para hacerlo", señala. Y agrega: "Yo no culpo a la OSE, pero no tendría que haber dicho que no había ningún problema. Ese fue el gravísimo error que cometió la OSE para con todos nosotros. Nos mintieron. Ellos tendrían que haber sido transparentes y haber explicado la realidad de la situación. Cuando se es consciente de la realidad, la negás y ocultás, sos responsable de esta situación".

Nunca más Hace más de tres años que Federico López Romanelli no consume agua de OSE, la que solo utiliza para los quehaceres domésticos, porque no tiene otra alternativa. Al igual que él, son muchos los que han optado por esta opción y tienen la posibilidad de hacerlo. "Cuando fui consciente de la problemática no tomé más agua de la canilla y mi familia tampoco. Hasta el mate lo apronto con agua comprada, y como yo hay muchísima gente que lo hace, pero hay otra que no tiene la posibilidad de hacerlo. Gasto más pero gano en salud, que en definitiva es lo más importante", señala.

Soluciones Consultado sobre las denominadas 'zonas de amortiguación' establecidas por el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente con el objetivo de delimitar una franja que oficiaría de barrera natural libre de la aplicación directa de agroquímicos, considera que no son suficientes y que se necesitan medidas más drásticas. "Bienvenidas sean las zonas de amortiguación pero no alcanzan. Hay que exigir que se tomen medidas más drásticas. Cuando hay fumigación con viento, el veneno llega como si nada al río. Si vos fumigás a 40 metros del rio, esas zonas son inundables. Hay que ampliar mucho esa zona de amortiguación. No alcanza con esto", precisa. Para concluir, el investigador destaca que "creo que cuando se entienda el problema las soluciones están al alcance de la mano, pero hay que entenderlo y ser conscientes de la seriedad del mismo. Las autoridades se tienen que hacer cargo de esto. Desde mi punto de vista, el principal problema es la agroindustria y el manejo que hacen éstas de los recursos naturales. En la medida que nosotros no seamos responsables en el manejo de los recursos naturales y su entorno, esto no va a cambiar. La solución es expropiar la faja del rio y que no se toque más, pero hay que tener coraje para tomar esa decisión porque es difícil de aguantar, ya que hay muchos intereses en el medio. Pero para mí ningún interés pesa más que la vida de un millón y medio de personas".

Ma. Eugenia Núñez

Hoy Canelones,4 de junio de 2015.

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