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ASAMBLEA NACIONAL DE APICULTORES URUGAUY 19 DE NOVIEMBRE 2016

sábado, 23 de julio de 2011

Minería: presiones, secretos


Ambiente, minería y desarrollo

PRESIONES Y SECRETOS

Eduardo Gudynas

Brecha 22 julio 2011, p 10 - Montevideo

Las sospechas se confirmaron desde una fuente inesperada: los Wikileaks.
Las empresas mineras presionan a los gobiernos para anular la protesta
ciudadana. El pasado enero se conocieron cables de la embajada de Estados
Unidos en Perú, donde se relata una reunión de ejecutivos mineros con el
embajador de ese país, y los de Canadá, Reino Unido, Suiza y Sudáfrica
(todas naciones de origen de corporaciones mineras). Entre otras cosas,
reclamaron que esos gobiernos presionaran al Perú para que se actuara sobre
los líderes de las protestas contra la minería, que la Iglesia Católica
rotara a los curas que acompañaban a las comunidades afectadas, y se
despacharon contra las ONGs. Allí quedó en claro lo que muchos alertaron
por años: las fortísimas presiones políticas y económicas que ejerce la
minería sobre los gobiernos.

Es común sostener que esas influencias se deben a los beneficios económicos
de la minería. Una línea de defensa usual apela a presentarla como una gran
demandante de empleos. Sin embargo, las cifras casi siempre se inflan al
presentarse los proyectos. Por ejemplo, en Argentina, la minera La
Alumbrera en 1994 publicaba avisos en los diarios donde bajo el titular "La
credibilidad se logra con hechos" prometía generar diez mil empleos
directos; hoy, en fase de operación, apenas da trabajo directo a unas 800
personas.

Un repaso a los países mineros indica una realidad mucho más modesta. En
Perú, la minería ocupa al 1,5 % de la población económicamente activa, en
Argentina 0,9 %, en Chile 0.8 %, y en Ecuador apenas el 0,11 %.

El ingreso de divisas por exportaciones, tal como ha invocado recientemente
el presidente José Mujica, es otro justificativo. Sin embargo, esos dineros
dependerán del precio internacional del mineral, los que no controla
Uruguay, y resultan de un juego entre las demandas de otras naciones y las
intervenciones que realizan las grandes empresas extractivistas y
comercializadoras. Decir que el Uruguay va a recibir 500 millones de
dólares por año es, por ahora, jugar a las adivinanzas.

Entonces, si la minería en realidad está inmersa en todos estos contrastes,
¿por qué es tan atractiva, y cómo logra esa capacidad para presionar a los
gobiernos? La respuesta es sencilla: la tasa de rentabilidad de la minería
es fenomenal. La situación de los últimos años, al dispararse los precios
de los minerales, ha hecho que el margen de lucro de la minería sea del
37.1 por ciento (promedio mundial en 2008/09). Esa es la rentabilidad más
alta para los sectores primarios e industriales, y está muy por arriba del
promedio (11.2 por ciento), y de las manufacturas clásicas (6,5 por ciento).

Como las regalías que pagan las mineras en el sur son bajas, sus costos de
operación son pequeños, y los precios mundiales son altos, por lo que estas
empresas manejan unos volúmenes de dinero enormes. Allí están los cimientos
de sus capacidades de presión.

Unas presiones, como las reveladas por Wikileaks, son políticas. Otras
apelan a las relaciones públicas, como son las donaciones a policlínicas,
escuelas o clubes de fútbol. Pero otros usos del dinero son más
cuestionables. Los sectores extractivos han estado en el centro
innumerables denuncias de corrupción, sobornos y sobrepagos. Esa
problemática es de tal envergadura que hasta el Banco Mundial la reconoce,
y como respuesta ofrece un marco de evaluación social y ambiental separado
y promueve la transparencia en el manejo de los dineros para impedir la
corrupción.

Ese "lado oscuro" de la minería es incluso reconocido en el mundo de las
finanzas. Semanas atrás, el multimillonario George Soros advertía que los
"impuestos y pagos reales abonados a los Estados por las compañías mineras,
petroleras y otras de la industria extractiva suelen ser un secreto muy
bien guardado", y a pesar que los gobiernos dicen que los usan bien, "en
realidad, en demasiados países los ciudadanos de a pie no se benefician
nada de ese dinero; de hecho, tienen que cargar con los costos ambientales
y sociales que entrañan las operaciones mineras y perforadoras".

Como respuesta a esa preocupación existe la Iniciativa de Transparencia
para las Industrias Extractivas (EITI, por sus siglas en inglés). Es una
coalición de gobiernos, compañías y organizaciones ciudadanas, que acuerdan
estándares para informar al público tanto sobre lo que pagan las empresas,
como sobre lo que reciben los gobiernos. Se hacen públicos los contratos o
acuerdos de las empresas, se indican sus gastos y ganancias, y se evita el
pago de comisiones, regalos o sobornos. Francia tiene una iniciativa análoga.

También existe un ranking mundial de la "transparencia extractivista". Como
ejemplo, Brasil y Noruega obtienen buenos indicadores, son medios en
Venezuela, y muy bajos en Turkistán. ¿Dónde se ubicaría Uruguay?
Seguramente no en los lugares más altos, en tanto carecemos de instrumento
de acceso a la información y transparencia en las finanzas, sea de las
empresas o del Estado. Esto deja en claro que nuestro país debería sumarse
a EITI frente a cualquier inversión minera.

Otro flanco de presión política observado en otros países apunta a lograr
buenos acuerdos de inversión y operación, y que usualmente se los mantiene
en secreto. Este es otro flanco a atender. En la reciente polémica sobre la
firma de un acuerdo confidencial entre el gobierno y la papelera Montes del
Plata, aparecen mecanismos de ese tipo (tales como ajustes tributarios
según la rentabilidad de la empresa, mayores tolerancias para contratar
mano de obra extranjera, o incluso redefinir los suelos de prioridad
forestal). Si ello tuvo lugar con la papelera, ¿que impediría acuerdos
análogos con alguna minera? Esto explica la importancia de sumarse a EITI,
y contar con verdaderos mecanismos de información pública.

Es que las altas rentabilidades de la megaminería casi siempre encandilan a
los gobiernos de turno, mientras que se despliegan muy diversos factores de
presión política. Su mejor antídoto sigue estando en la información y la
transparencia

SI NO ACTUAMOS MORIREMOS MUCHOS EN LA RULETA GENETICA