Sitio destinado al encuentro y unión, para obtener un ámbito de comunicación, difusión, debate y fomento para el desarrollo de la apicultura. Apicultura Uruguay.

Suscribete a Apicultura Uruguay y recibe las noticias en tu correo

Búsqueda de artículos:

ASAMBLEA NACIONAL DE APICULTORES URUGAUY 19 DE NOVIEMBRE 2016

jueves, 29 de enero de 2015

Los Transgenicos ya no podran ocultarse

Etiquetame con “T”


A partir de este año, los alimentos de origen transgénico serán identificados con una T negra sobre un triángulo amarillo en su etiqueta, igual a la que se usa en Brasil y que se puede ver en comida para mascotas importada de este país. El Decreto 34.901, aprobado a fines de 2013 por la Junta Departamental de Montevideo, así como su reglamentación de 2014, rigen a partir del 1º de enero de 2015 y establecen la obligatoriedad del etiquetado de alimentos para consumo humano que contengan organismos genéticamente modificados y se comercialicen en Montevideo, sean nacionales o importados.



La norma establece un mínimo de 1% de contenido transgénico de cada ingrediente individual, límite que considera los casos de contaminación accidental o técnicamente inevitables. Se excluyen los alimentos que se sirven en restaurantes o que no requieren rotulación, y aquellos en los que únicamente se usan microorganismos o enzimas modificados genéticamente para su elaboración. La Intendencia de Montevideo (IM) ya implementó las técnicas analíticas para su control, actividad realizada con el apoyo de la Sección Bioquímica de la Facultad de Ciencias (Universidad de la República).

Actualmente, el etiquetado de alimentos que contienen transgénicos es obligatorio en 64 países, incluyendo Australia, Bolivia, Brasil, China, Ecuador, Japón, Perú, Rusia, la Unión Europea y varios de Asia y África. En Uruguay, la implementación del decreto será gradual, a medida que las empresas vayan adaptando sus etiquetas. Los costos del etiquetado corren por cuenta de éstas y se prevén sanciones cuya definición está en estudio.

Desde 1996 se cultivan vegetales transgénicos en Uruguay. Son plantas modificadas genéticamente con el fin de proporcionarles alguna característica favorable para su producción (lo que se conoce como evento transgénico). Segmentos de ADN encontrados naturalmente en microorganismos son introducidos por ingeniería genética en una célula vegetal.

Las dos especies transgénicas que se cultivan en nuestro país son la soja y el maíz. Inicialmente, la soja se hizo tolerante al herbicida glifosato, facilitando el manejo del cultivo y el control de malezas (soja RR -Roundup Ready- de Monsanto). La soja es actualmente el principal cultivo agrícola del país, la superficie en que se cultiva pasó de 12.000 a 1.050.000 hectáreas en los últimos 12 años, y prácticamente sólo se producen variedades transgénicas. Al maíz se le confirió resistencia al ataque de insectos para controlar larvas de lepidópteros como la lagarta (maíz Bt, capaz de producir una proteína insecticida de la bacteria Bacillus thuringiensis). En Uruguay se siembran más de 120.000 hectáreas de maíz y se estima que 75% corresponde a variedades transgénicas.

Actualmente, están aprobadas para su cultivo en Uruguay cuatro variedades de soja y diez de maíz, con eventos simples o apilados, que además de los mencionados pueden incluir tolerancia a otros herbicidas, comercializados por cinco empresas multinacionales (Monsanto, Syngenta, Basf, Bayer, Pioneer y Dow). Globalmente, 90% de los transgénicos se producen en Argentina, Brasil, Canadá, India y Estados Unidos. Uruguay está cuarto en Sudamérica y décimo en el mundo respecto del área de siembra de estos cultivos.

Si bien las técnicas de biología molecular empleadas para la generación de transgénicos son precisas y se mejoran constantemente, es muy difícil determinar cómo serán bioquímica y fisiológicamente estas nuevas variedades vegetales. Más difícil aun es conocer sus efectos en el ambiente donde se cultivan o las consecuencias cuando son consumidas como alimento. Estas evaluaciones son realizadas por las empresas que las comercializan y presentadas para su autorización a la autoridad reguladora correspondiente, que en nuestro país es el Gabinete de Bioseguridad, integrado por seis ministerios.

Hay pocas evaluaciones independientes de los efectos del consumo de alimentos que contienen transgénicos, pero en algunos casos los resultados cuestionan su inocuidad en términos de salud. Investigaciones en animales de laboratorio reportan efectos toxicológicos en hígado y riñones, y otros patológicos, como aumento de la incidencia de tumores. En seres humanos los conocimientos son escasos, y se enfocan a posibles alergias y problemas de digestión.

Estos estudios han sido sistemáticamente criticados por distintas razones, entre ellas la mala elección de los animales para experimentos, errores estadísticos, la corta duración de las investigaciones o la vinculación de los investigadores con partes interesadas. Se necesitan evaluaciones independientes, completas y a largo plazo, como el proyecto recientemente lanzado Factor GMO, que pretende estudiar de dos a tres años el efecto de una variedad de maíz GM resistente al glifosato, a fin de intentar responder si es seguro para la salud humana el consumo de este alimento y su herbicida asociado.

Los efectos ambientales de la intensificación agrícola que involucra esta tecnología incluyen impactos sobre la biodiversidad, repercusión a nivel de la apicultura, generación de resistencia en malezas e insectos que se quieren combatir y uso incrementado de herbicidas, principalmente glifosato. Este compuesto inicialmente fue declarado inocuo y no bioacumulable (que no se acumula en tejidos de seres vivos). Estudios recientes indican que produce malformaciones en embriones de vertebrados, y se detectó su presencia en granos de soja y en muestras de orina y leche materna en humanos. En el maíz, por su forma de reproducción, puede darse el cruzamiento entre variedades, aun cuando se cultivan a distancia, y eso problematiza la coexistencia de cultivos transgénicos y orgánicos.

Entre los aspectos socioeconómicos relacionados con la expansión del monocultivo de soja, preocupan especialmente la concentración de la tenencia de la tierra y de los pasos siguientes en la producción, y el cambio en la estructura agraria con disminución de los pequeños productores.

Según las autoridades que promovieron la normativa uruguaya, su fundamentación se basa en el derecho del consumidor al acceso a la información, y no pretende ser una advertencia sobre la posibilidad de riesgos asociados con los alimentos transgénicos. Es un tema de debate a nivel mundial, pero no tanto en Uruguay, algo que fomentará esta etiqueta, permitiendo al consumidor elegir con conocimiento. Además, dada la falta de certezas, el etiquetado permitirá realizar el seguimiento de los efectos que puedan producir los alimentos que contengan transgénicos en la salud humana o el ambiente después de su comercialización.

Dada la predominancia de los cultivos transgénicos en toda la región, es esperable que muchos alimentos que contienen maíz o soja deban ser etiquetados. Derivados de estos vegetales como harinas, aceites, almidón de maíz, lecitina de soja y jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF) son utilizados en muchos alimentos procesados, como snacks cereales para el desayuno, masas, galletas, postres, golosinas, mayonesas, sopas, salsas, hamburguesas de carne, quesos, alimentos para bebé y refrescos.

En Estados Unidos se estima que 80% de los alimentos procesados tiene ingredientes transgénicos, pero ese país no cuenta con etiquetado, a pesar que varios estados lo han promovido y de la promesa electoral que realizó Barack Obama en 2007. En Uruguay, el proyecto de etiquetado fue presentado a la Comisión de Salud de Diputados a mediados de 2013, con la intención de aplicarlo en todo el país e incluyendo también el alimento para ganado. La iniciativa fue recibida con interés por los integrantes de la comisión y quedó a estudio. Permitiría colocar a los transgénicos en el tapete y promover el acceso a información para que los consumidores elijan libremente de acuerdo a sus principios e intereses, sabiendo las incertidumbres que existen y el modelo productivo que sustentan.

Las organizaciones de la sociedad civil comprometidas con el tema que han impulsado esta propuesta y el debate al respecto, así como la academia y las autoridades vinculadas con la temática, tendrán que jugar un papel importante en este sentido, aportando la información necesaria.
Natalia Bajsa 


La Diaria, 29 de enero de 2015.
http://ladiaria.com.uy

SI NO ACTUAMOS MORIREMOS MUCHOS EN LA RULETA GENETICA