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ASAMBLEA NACIONAL DE APICULTORES URUGAUY 19 DE NOVIEMBRE 2016

jueves, 14 de marzo de 2013

Argentina: Cooperativas de apicultores avanza en su inserción en el mercado internacional de la exportación.



Un negocio que vuelve a ser dulce



Para concretar las exportaciones, los productores se agruparon en ocho consorcios, cuya conformación fue impulsada por la Secretaría de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, que conduce Carla Campos Bilbao.
 
La estrategia les permitió a los productores exportar de manera directa, sin intermediarios, y romper con un paradigma histórico de la comercialización de miel en Argentina, en la que la renta de la producción quedaba para unos pocos empresarios que concentraban las exportaciones del sector.
 
“Tenemos el convencimiento de que la organización cooperativa es una herramienta clave en el desarrollo del sector desde una posición de equidad”, afirmó Campos Bilbao.
 
El Ministerio de Agricultura, con la colaboración de la Fundación Standard Bank y la Fundación Exportar, desarrolló un trabajo que permitió conformar ocho consorcios que congregan a más de cien cooperativas apícolas de las provincias de Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Buenos Aires y Mendoza.
 
La Secretaría de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar trabaja activamente en la organización de más de 35.000 productores de miel en todo el país, colaborando en su capacidad de gestión y promoviendo la creación de consorcios de exportación, desde los cuales el productor puede avanzar en los mercados mundiales a través de su organización cooperativa.
 
En ese sentido, Campos Bilbao destacó que “Argentina tenía un solo consorcio de miel: COSAR, de la provincia de Santa Fe. Este consorcio hoy ha logrado un posicionamiento en el mercado internacional y un grado de organización y capitalización que le permite anticipar pagos a los productores cooperativizados. Apuntamos a replicar esa experiencia”. 
 
La agrupación en consorcios les ha permitido a cientos de productores iniciar el complejo camino del comercio internacional, obtener un mejor precio de la miel y mejores condiciones de pago. En la coyuntura, también les permite beneficiarse del valor creciente de la miel en un mundo donde la demanda de este alimento experimenta un aumento sostenido.  
 
En 2013, el precio de la miel supera los 13,50 pesos el kilo en tambores y se especula con que los apicultores podrían recibir un incremento mayor. En comparación con el mismo período del año pasado, el aumento oscila entre un 40% y 50%, considerando que en aquel entonces se pagaba entre 8,5 y 9 pesos el kilo.
 
En los últimos tres años, las exportaciones argentinas de miel se incrementaron un 34 por ciento en facturación y un 29 por ciento en volumen. Durante 2009 se comercializó al mundo producción por 159,4 millones de dólares y 57.756 toneladas. En la temporada 2012, las exportaciones alcanzaron los 213,7 millones de dólares y las 74.712 toneladas.
 
Cambio de paradigma
 
“La apicultura de nuestro país se ha caracterizado en las ultimas décadas en profundizar un modelo donde pocas empresas concentran mas del 70 por ciento del  negocio de las exportaciones”, contó María Graciela Hedman, Coordinadora del Apícola de la Secretaría de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar.
 
Y explicó que estas empresas se vinculan a los productores “mediante la figura de los acopiadores que recorren el país con una suerte de ‘termómetro’ que hace variar el precio según la región atributos del producto, la distancia a los puertos y el precio que hoy establece el mercado, entre otros factores muchas veces difíciles de comprender”.

Esta metodología podía aplicarse sin dificultades ante un gran número de productores en su mayoría aislados, atomizados, y con escaso o nulo poder de negociación a la hora de establecer el precio del producto.

“Ante estas situaciones, el Estado tiene un rol central de colaborar en la organización del sector generando las condiciones para que el productor mejore su capacidad de negociación y realice transacciones comerciales en un marco de mayor equidad, afirmó Campos Bilbao.

También señaló que “paralelamente a esta búsqueda del comercio directo, y hay una necesidad de caracterizar el producto y valorizar las mieles de acuerdo a sus diferentes procedencias botánicas y geográficas”.

La miel argentina, considerada una de las de mejor calidad en el mundo, es producida en variadas regiones ambientales: bosque chaqueño, llanura pampeana, selva de yungas, bosque subtropical, oasis mendocino, valles patagónicos, entre otros. La miel proveniente de cada lugar tiene un aroma particular, un color y un sabor característicos, producto de los factores climáticos, el tipo de minerales del suelo y la floración de la que las abejas toman el polen.

“Entendemos que es un camino que va a llevar tiempo consolidar, pero que es el camino a transitar en pos de la mejora del precio que recibe el productor, y por lo tanto de un incremento en sus ganancias”, concluyó Campos Bilbao.

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