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domingo, 9 de diciembre de 2012

Las abejas encuentran un refugio en las ciudades

Felix Munk recibe unas 20 picaduras diarias, pero eso no le impide seguir trepando al tejado de la ópera de Viena y otros lugares emblemáticos de la ciudad para visitar a las abejas que viven sobre las cabezas de aficionados a la música y ministros del Gobierno.

Munk forma parte del Stadtimker vienés, una de las cada vez más asociaciones de apicu
ltores urbanos que intentan fomentar la formación de colmenas de abejas en ciudades, conforme pesticidas y monocultivos hacen del campo un entorno más hostil.







La población de abejas está en un grave declive en todo el mundo, amenazada por un fenómeno del que se sabe muy poco y conocido como desorden de colapso de colonias, que se cree tiene como principal causa un virus contagiado por ácaros que se alimentan de hemolinfa, la "sangre" de las abejas.

Además de fabricar miel, las abejas son importantes polinizadores de plantas en floración, incluyendo muchas frutas y verduras. Un informe de Naciones Unidas de 2011 estimó en 153.000 millones de euros al año el trabajo de este y otros polinizadores.

"A las abejas les va bien en las ciudades", señaló Stephen Martin, de la Universidad de Sheffield y experto en el mortal ácaro Varroa, que ha sembrado la destrucción en las colmenas de abejas de todo el mundo desde que fue exportado de su Asia nativa en los 60.

"Hay muchas plantas y flores en las ciudades de las que pueden vivir las abejas. Tenerlas en los tejados es una gran idea porque las mantiene fuera del camino de la gente", señaló.





"Creo que estas iniciativas son muy buenas, mientras las mantengan adecuadamente", dijo. "Una vez el ácaro entra en una colonia, cosa que hará, en un periodo de dos a cuatro años la colonia morirá".

Londres, París y Melbourne son algunas de las ciudades que intentan esa misma estrategia.

El Stadtimker de Viena no tiene ayuda central del Gobierno, pero ha convencido a los responsables de muchos de los edificios históricos de la ciudad para que les dejen construir "hoteles de abejas" en los tejados sobre los parques y el bulevar de Viena.

Munk, que hablaba con Reuters mientras cambiaba los panales en el tejado de la Cancillería, levantada en el siglo XVIII y donde el Gobierno celebra su reunión semanal de gabinete, dijo que la cosecha de miel irá a los administradores del edificio como regalo.

"Fue sorprendentemente fácil convencerles para que nos dejaran hacer esto", dijo. "Muchos de ellos ya están preocupados por el medioambiente y querían hacer algo".

Munk, de 39 años, trabaja a tiempo parcial como programador de software para dedicar todo el tiempo que puede a sus abejas. Aprendió las labores de apicultor de sus tíos a los siete años, pero es una rareza en Austria, donde la mayoría de los apicultores tienen 55 años o más.

"Es una afición de viejo", comentó Robert Brodschneider, investigador del Instituto de Zoología en la Universidad de Graz y el experto más destacado de Austria sobre el tema. "No sólo hay escasez de colonias, sino de apicultores".

Brodschneider, que lleva cinco años recogiendo datos sobre población de abejas en la región, dijo haber visto un ascenso repentino en el porcentaje de colonias de abejas que murieron el pasado invierno, según resultados preliminares de su última encuesta.

Sólo en Austria, donde las abejas habían tenido relativamente poco problemas, una de cada cuatro colonias murió el invierno pasado, frente a la proporción anterior del 9 al 16 por ciento, dijo el experto.





"Creo que va a ser el año más alto de pérdidas en toda Europa central", dijo a Reuters, señalando que aún no está claro si es un bache o un signo de aceleración en el fenómeno. "No sabemos lo que está pasando".

Munk es realista sobre lo rápido que puede marcar la diferencia su trabajo. "Yo diría que en menos de una generación no podemos conseguir mucho", dijo. "Pero todo en la vida lleva tiempo".

REUTERS

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